La ortografía siempre ha sido una disciplina
fundamental en todos los ámbitos, pero sobre todo en las humanidades. Su
dominio era considerada una señal de prestigio y conocimiento, pero parece que
con el tiempo esta concepción ha cambiado.
Con el avance de las nuevas tecnologías ha ido
perdiendo importancia, ya que es normal el acortamiento de palabras para
ahorrar tiempo y espacio. Los jóvenes cada vez se preocupan menos por escribir
correctamente, y esto a repercutido negativamente en sus estudios. Esto ha
dividido a los profesores y académicos: una parte de ellos creen que la
ortografía no tiene tanta importancia, sobre todo ahora que existen multitud de
programas informáticos que solucionan esas faltas; pero también existe un grupo
que sigue creyendo que escribir correctamente es una base necesaria sobre la
que cimentar el resto de los conocimientos.
Personalmente, creo que este debate ni siquiera
debería de plantearse. El dominio de la ortografía es fundamental en los
estudios, pero no solo allí, sino en la vida en general. Una persona que tenga
faltas de ortografía no tendrá una buena consideración social, y a la hora de
rellenar o cumplimentar cualquier formulario le será mucho más complicado.
Por otra parte, el hecho de ser hablantes del
español ya debería de hacernos sentir responsables para aprender adecuadamente
el idioma, aunque fuese únicamente por orgullo personal. Si la gente sigue
escribiendo como le plazca, a largo plazo puede suponer un cambio permanente en
el idioma, degradándolo definitivamente.
Es por esto que obviamente en los centros de estudio debería de evaluarse esta capacidad, y por lo tanto debería de repercutir en sus calificaciones. Si una persona (especialmente si estudia una carrera de humanidades) comete demasiadas faltas de ortografía, no debería de poder graduarse, ya que claramente no domina todas las disciplinas necesarias para ello.

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