Pio Baroja fue el novelista de su generación, ya que durante casi un siglo estuvo publicando una o dos novelas por año, aunque también escribía artículos y ensayos autobiográficos. Se dedica a dar su opinión propia junto con ideas disparatadas pero certeras. Sin embargo, toda su vida le acompañó la crítica de escribir mal, ya que no respetaba la sintaxis, hecho que algunos justificaban por ser vasco.
En sus obras literarias podemos comprobar que está en contra de la retórica y la oratoria del siglo XIX, si no que era más cercano a la lengua hablada, lo que chocó con la forma de escribir de aquella época ya que rompía con la grandilocuencia que predominaba entonces. Por otra parte, tampoco buscaba la corrección gramatical, no buscaba la perfección, sino que a veces dejaba a un lado las leyes secundarias de este ámbito.
A los cuarenta acaba su etapa importante como escritor, después de una época de decadencia a los veinte y una gran decadencia en la etapa de posguerra, aunque tiene aun así el encanto de la divagación que encontramos en sus obras.
En Juventud egolatría nos cuenta cómo fue su juventud con opiniones contundentes, y en Las horas solitarias encontramos un ensayo autobiográfico. Al final de su vida publicaría también recopilaciones de los textos que aparecieron en Ahora.
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