Mariano José de Larra,
nacido en 1809, fue hijo de un médico afrancesado, quien apoyaba a José I,
quien accedió al poder gracias a su hermano Napoleón, a quien le habían cedido
los derechos. Con la llegada de este nuevo mandatario llegan las ideas nuevas
de la Revolución Francesa. Se elimina la Inquisición y se crea una nueva
Constitución. Estas medidas fueron rechazadas por los católicos y la propia
Iglesia y por la intelectualidad española, que creían que el poder debía residir
en el pueblo. Se desencadena una guerra, tras la cual vuelve Carlos IV, por lo
que el padre de Larra debe de huir a Francia, donde el periodista recibe su
educación. Fue muy precoz y pronto empezó a crear sus propios periódicos, como El duende satírico del día o El pobrecito hablador, pequeños folletos
costumbristas y satíricos, en los que entremezclaba la ficción con el
periodismo. Solía firmarlos bajo seudónimo, una especie de alter ego que había
creado, como Fígaro.
En esta época en Europa
triunfa el Romanticismo, que llega a España en 1833, tras la muerte del rey. Se
caracteriza por la libertad, en política y en la literatura, siendo la
singularidad de las obras lo más importante, a la vez que continúa el Costumbrismo.
Larra va más allá y no se dedica a describir la cultura, sino que también realiza
críticas, como en Vuelva usted mañana
o El castellano viejo.
Su segunda etapa está
caracterizada por el enriquecimiento intelectual que logra tras el regreso de
los liberales a España durante el conflicto de la Guerra Carlista, en la cual
el periodista se posiciona en contra del Carlismo. También se dedica a la
escritura de novelas históricas, pero tiene más éxito gracias a sus artículos,
los cuales empieza a publicar en formato de libro a partir de 1835. En su última
etapa se decanta por los textos autobiográficos, donde relata su amargura y
frustración personal. Muere en 1836, al suicidarse por desamor.
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